El siguiente nivel:
los videojuegos en
la educación

Más allá de la consola

Pueden ocurrir dentro de un castillo o una nave espacial. Pueden requerir nuestros mejores reflejos para sortear obstáculos. Los videojuegos nos exigen estrategia, toma de decisiones y, en muchos casos, comunicación y trabajo en equipo para lograr una misión.
1972, lanzamiento de uno de los primeros videojuegos desarrollados por Atari: Pong. Un reto sencillo, golpear una pelota. Desde entonces, asistimos a una acelerada evolución de ellos, con gráficos y efectos hiperrealistas. En el fondo, sin embargo, seguimos jugando a lo mismo.


La educación, de su mano, también los emplea. Y es que los juegos de consola, transcurran en un castillo o una nave espacial o en el aula, aplican la lógica matemática, la simulación de leyes físicas, distintos niveles de interpretación del mundo, entre otros elementos.
Son un catalizador para cultivar las habilidades del siglo XXI: creatividad, innovación, pensamiento crítico, resolución de problemas, uso de la tecnología y alfabetización digital.

¡Juguemos un videojuego Explora!

El 20 % de los “videojugadores” se encuentra entre los 5 y los 14 años. Hablamos de un tiempo significativo en los ciclos de desarrollo cognitivo. Luego de esta franja, el salto en las edades de los aficionados a las consolas es considerable. Pero no todos dominamos el mismo idioma o, mejor dicho, no todos estamos en la misma página tecnológica. A quienes crecieron con Internet y sus lógicas, Marc Prensky los denomina nativos digitales. Han naturalizado el uso de la tecnología, incluso para hacer deporte, relacionarse socialmente, indagar por sus temas de interés, compartir saberes, entre otras acciones. Un caso distinto es el de los inmigrantes, que no crecieron con estos códigos, pero se adaptan. ¡Lo hacen a su manera!, observa Prensky. Es lo que ocurre, a veces, con la distancia de algunas personas hacia los memes, los stickers o los emojis. Sí, existe la brecha digital. Y no es solo un asunto entre jóvenes y mayores, existe, también, entre profesores y estudiantes. La noticia, nada nueva pero noticia al fin y al cabo: los videojuegos pueden ser un punto de encuentro entre generaciones.

Pensemos en Pong, un videojuego sencillo. Una pelotica y un recorrido, año 1972. Sin embargo, la esencia de los videojuegos trasciende la relación de un personaje con una historia dada y con un propósito específico. En ellos convergen la lógica matemática, la física, el diseño gráfico y muchos otros campos del conocimiento. Separémonos por grupos: un equipo diseña el escenario; otro, construye a los prota- gonistas de la aventura, sea esta con carritos o con hologramas en el espacio; otros más elaboran la trama.

Sigamos soñando, porque los videojuegos también son una posibilidad para otras formas de aprender. Ejemplo: el trabajo colaborativo. De nuevo, una pelotica y un recorrido, tenemos que tomar decisiones y el tiempo apremia. Los robots amarillos y los murciélagos de cristal uniremos esfuerzos. Sí, las condiciones nos pueden afianzar procesos fundamentales como aprender a escuchar, aceptar la opinión divergente, resolver problemas y asignar roles. Si no nos va bien con los murciélagos de cristal, jugaremos con Luigi, el fontanero. No pasa nada, es solo un turno, sigamos soñando.

De repente, el universo se ensancha… El aula es un bosque inmenso y nosotros, durante un par de niveles, somos exploradores. Y es que gracias a los videojuegos como herramienta pedagógica podemos, además de divertirnos, fortalecer las habilidades del siglo XXI propuestas por la UNESCO. Hablamos de la creatividad, el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la responsabilidad personal y social, el uso de la tecnología y de la alfabetización digital.

Incluso en estrategias educativas como el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), los videojuegos pueden ser contenidos propicios para la programación o el desarrollo tecnológico. Es más, diseñar un videojuego como reto educativo es cada vez más sencillo. Existen plataformas gratuitas para su creación, desde las muy básicas hasta las de alta complejidad.

Veamos un caso cercano, Unity. Este motor de videojuegos tiene múltiples herramientas que simplifican el código y hacen intuitivo su proceso. Podemos crear juegos de consola de manera fácil. Aquí va un ejemplo desarrollado por un grupo de jóvenes de la Fundación Tiempo de Juego en el marco del curso de videojuegos con Unity, versión 2020, en el Parque Explora.

En este proyecto, nuestro personaje central fue una chucha o zarigüeya, ícono de la comunicación pública de Explora en el último tiempo. Como era de esperarse, trabajamos por grupos. El desarrollo del escenario nos puso a conversar sobre la biodiversidad, exploramos recursos de un repositorio gratuito en la web y, casi sin darnos cuenta, ya estábamos investigando sobre piratería, seguridad informática y privacidad en redes sociales. Y como para conversar necesitamos lenguaje, también nos familiarizamos con C sharp (C#), el lenguaje de programación que escogimos previamente. Finalmente, nos preguntamos por el rol de la mujer en la industria de los videojuegos.

Adelante, podemos seguir soñando con mundos improbables. Estos encuentros mencionados, así como los videojuegos en el aula son una excusa para reflexionar, problematizar nuestro entorno, desarrollar habilidades y aprender haciendo.

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