El tiempo
en pequeñas dosis

Una historia sobre los ciclos y el tiempo

Desde las civilizaciones antiguas buscamos partir el tiempo en pedacitos. Para este propósito hemos encontrado las claves en los ciclos de la naturaleza como las fases de la Luna o el movimiento del Sol en el cielo. Así, inventamos segmentos de tiempo, por ejemplo el día y la noche, las horas o el año de 365 días, los cuales nos señalan su discurrir.

¿Y cuándo empezamos a llevar la cuenta? Hoy sabemos de la existencia de calendarios inscritos en huesos, incluso, de algunos grabados sobre roca hace 10 000 años. Con el tiempo, hemos desarrollado otros calendarios: esa sofisticada manera de saber en dónde estamos. ¿Y por qué cambiamos de año? Descubrámoslo en esta historia gráfica.

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Nuestro calendario fue construido basándose en los movimientos del Sol y la Luna. Sus periodos de tiempo determinan la duración de los meses y el año, por lo tanto es un calendario lunisolar. Además, ¡es un gran libro de historia! Los nombres de los meses nos hablan de dioses antiguos, emperadores romanos y maneras de contar. De hecho, se llama calendario gregoriano porque su principal promotor fue el papa Gregorio XIII, quien impulsó su desarrollo a partir de 1582.

• Si hicieras 365 fotografías del cielo –una cada día del año–, ubicando la cámara en el mismo lugar y disparando el obturador a la misma hora, podrías observar cómo el recorrido del Sol forma una figura similar al símbolo del infinito, aunque un poco más ancha en su inferior. Esa figura se llama analema y es la curva que describe el recorrido y la posición del Sol en el cielo.

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